miércoles, 19 de diciembre de 2012

Lo que quiero. Quizás imposible

A tí. Éso es lo primero. Esa sonrisa grande en un cuerpo pequeño pase lo que pase y aún ante la mayor muralla de este oficio que son la comodidad y el ego. Ese trabajo duro no reconocido lo suficiente. A tí. Creadora de las mejores ilusiones en mí con sólo saludar. A tí. Ése es mi empeño, quizás tampoco reconocido como se debe o quizás tengo yo demasiado miedo para actuar como debiera. Quizás imposible.

Justicia laboral. Para entrar hay que tener suerte, para medrar debería existir justicia. Ésa que a tí y a mí -y a muchos otros- nos hace falta para no ser unos nómadas de contratos y secciones. No quiero de regalo de cumpleaños abandonar lo que gané. Lo que ya creo que es mío, sin falsa modestia. Quizás imposible.

Eliminar los lugares comunes. Gente desesperada a la que una sirena atrae, ofreciendo sal en el mar, como a los compañeros de viaje de Ulises. Fuera y dentro del trabajo, alejarse de la foto fácil -incluso dócil- y de lo interesado en favor de lo real.  Que lo gentil no se siga transformando en servilismo y condescendencia. Quizás imposible.

No olvidar el pasado. Somos lo que fuimos y seremos lo que somos. Los integrismos que obvian lo evidente acaban creando gente que se desconoce a sí misma. No hay mayor traición que no identificarse frente al espejo. Quizás imposible.

El acierto del Gobierno. No por su bien, necesariamente ligado. Por nosotros. Para que esa ilegitimidad -debiera ser ilegal- que supone volcar tu programa sea un daño colateral para los que no les importa quién es el inquilino de La Moncloa, sino sobrevivir. Cinco millones son muchos. Muchísimos. Necesitamos un Capitán, no un ilusionista. Sin amiguismos para jugar a quién tiene más cargos cuando otra gente juega con su nómina para alargarla. Quizás imposible.

Libros. Montañas. Para todos. El tiempo para viajar con ellos. Deshacerse de falacias, prejuicios, incultura. Aún con el peligro del daño colateral de lecturas paniaguadas, pretendidas, pretenciosas. Más historias, menos series televisivas escritas. Quizás imposible.

Placer. Viajar -emigrar- sin la presión de seguir existiendo. Arreglar el mundo en la barra de un bar -o en este blog-. Acompañar, aún sin razón y hasta el Índico en canoa, a quien merezca la lucha. Quizás con una mujer. Quizás imposible.

Coherencia. Sin más: Quizás imposible.

Quizás imposible que recuerden todo después de cerrar la ventana o quizás imposible que ahora olviden lo leído. Olvídenlo todo, si quieren, menos a ella. Merece la pena. Ella. Saben quién es. Cada uno tiene la suya. Yo también.


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